Las hortalizas y las verduras son sinónimo de
comida saludable, y han tomado una importancia estimable en los hábitos
alimenticios del último siglo. La preocupación por los efectos nocivos del
aumento en el consumo de proteínas y grasas de origen animal ha hecho que se
tomen cada vez más vegetales. Pueden consumirse como primeros platos o como
guarnición o acompañamiento, e incluso como ingrediente de múltiples recetas de
verduras y hortalizas. Sus propiedades alimenticias, tanto en el aporte de vitaminas como en el de minerales, son muy
importantes, y su consumo es imprescindible para cualquier alimentación equilibrada.
Las verduras poseen
una relevante cantidad de fibra, vitaminas y sales
minerales, y podemos considerar que existen ocho formas básicas para su
preparación culinaria. En primer lugar, debemos considerar aquellos métodos de
cocción que sólo utilizan agua en el proceso: el blanqueo, consistente en
introducir la verdura en agua hirviendo con un poco de sal, durante un período
que puede oscilar entre 2 y 5 minutos, dependiendo del tipo de verdura y de la
cantidad utilizada; la cocción al vapor, en la que la
verdura no toca el líquido en ebullición, para lo cual hay que usar un colador
o un escurre verduras, que colocará sobre el recipiente que esté en el fuego; y
la cocción en agua hirviendo, consistente en introducir la verdura en un
recipiente con agua u otro líquido, y hacer llegar éste al punto de ebullición.
En este último caso, la cantidad inicial de líquido debe ser abundante, y
después de la cocción, podemos utilizarlo para la preparación de fondos, salsas
o sopas, ya que contiene varios elementos nutritivos y un agradable sabor.
El gratinado es un sistema de cocinado complementario,
pues se suele utilizar con productos cocidos previamente. Para ello, se emplea
una fuente de barro o de vidrio, y se cubre con bechamel, queso, huevos batidos
u otro tipo de crema o salsa. También se utiliza el asado al horno, en la
parrilla eléctrica o en la barbacoa de carbón. Para cocinar así se impregnan
las verduras con un poco de aceite y las especias que se deseen, y se envuelven
en papel de aluminio antes de proceder a su cocinado.
El rehogado consiste en cocer los productos en su
propio jugo, con la adición de una pequeña cantidad de líquido y algo de grasa.
Este sistema es mejor para aquellas verduras que contengan bastante líquido. El
fuego no será fuerte, y la cazuela que se emplee estará tapada. El sofrito es otro interesante sistema para preparar
las verduras y hortalizas. Aunque se utiliza en todas partes, tiene una
especial importancia en la cocina china, en la que se usa continuamente con las
verduras. Consiste en cocinar el preparado en una sartén con una pequeña
cantidad de aceite, a fuego muy vivo, y dándole vueltas continuamente con una
cuchara.
Por último,
mencionaremos el estofado, en cuyo proceso
de cocción se usa una sartén amplia o una cazuela: se doran las verduras con un
poco de aceite, mantequilla o manteca de cerdo, se sofríen durante un par de
minutos más, removiendo, y se añade una pequeña cantidad de líquido, que varía
según las recetas, y que debe estar hirviendo. Se deja que se termine de
cocinar el plato con el fuego muy lento, sirviéndolo acompañado con la salsa
que haya quedado, o bien se puede utilizar ésta para elaborar otra más
compleja, añadiendo otros ingredientes.
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